Experiencias en la frontera de la RDA

(Traducción de la entrada Erfahrungen an der DDR-Grenze del blog Sascha’s Welt)

arbeitermacht

La situación era ésta: en la República Democrática Alemana (RDA) la propiedad privada de los medios de producción había pasado a ser pública, se había expropiado a los propietarios de las fábricas, a los dueños de los grupos empresariales y a los latifundistas, pero en particular a los nazis y a los criminales de guerra. En 1974 se publicó en la RDA el libro ‘Seid euch bewusst der Macht (Sed conscientes del poder)’, en el que el escritor Günter Görlich anotaba sus experiencias en la frontera. En él relataba, entre otras cosas, que, cuando era un joven agente de la policía popular, vio cómo un camión de gran tonelaje se acercaba a la frontera entre la RDA y la RFA por una calle bastante deshabitada a la salida de Meerane (Sajonia) y, cuando los policías lo vieron, aceleró y cruzo la frontera. Poco después se supo que ese camión transportaba de manera ilegal textil y máquinas de gran valor de Sajonia a Alemania Occidental. “Nos quedamos en la barrera y la volvimos a bajar. El camión desapareció en la lejanía. Otra vez nos habían robado, otra vez nuestra economía había sido perjudicada. Nos quedamos ahí, abatidos, derrotados, llenos de odio. Este no era el primer suceso de ese tipo que habíamos presenciado. Ese día fue para mí una lección de un modo concreto de lucha de clases .”

Otro extracto de una historia fronteriza de Günter Görlich cuenta lo siguiente:

“Arrestamos a un ladrón de metal, llevaba en la mochila cables de plomo y cables de alta tensión. Dijo que se los había encontrado en una fábrica abandonada. Dijo que necesitaba dinero, que su padre murió en la guerra y que tenía que alimentar a su madre y dos niños. Un tipo joven, con cara franca y ojos azules e inocentes. Estuvo sentado en la celda mientras la investigación avanzaba. Cable de plomo. Lo robaban por toda partes. Los chatarreros de Berlín Oeste pagaban por el metal más de lo que realmente valía. Ellos sabían por qué.

Yo estaba sentado en el despacho de la comisaría. Entonces escuchamos gritos fuera. Era una fuga. Nuestra comisaría estaba no muy lejos del canal de Teltow. El tipo joven había cruzado el canal a nado, estaba al otro lado. Pronto se supo que no se había encontrado el cable, sino que lo había robado. Una parte importante de la empresa en la que él trabajaba había quedado fuera de servicio por culpa de eso. No tenía una madre pobre ni hermanos hambrientos, pero ojos azules e inocentes sí que tenía. Comentamos a menudo este suceso.

El tipo de los ojos azules era nuestro enemigo. Debimos haber tenido más cuidado. Cada vez que vacilábamos nos costaba materiales, se consumían nuestras fuerzas, animaba a otros enemigos. Fueron enseñanzas concretas de un modo concreto de lucha de clases al comienzo de los años cincuenta.

Entonces yo todavía no conocía la ‘Canción sobre el enemigo de clase’ de Bertolt Brecht, cuya estrofa final dice:

Da mag dein Anstreicher streichen
Den Riß streicht er uns nicht zu!
Einer bleibt und einer muß weichen
Entweder ich oder du.
Und was immer ich auch noch lerne
Das bleibt das Einmaleins:
Nichts habe ich jemals gemeinsam
mit der Sache des Klassenfeinds.

Das Wort wird nicht gefunden
Das uns beide jemals vereint:
Der Regen fließt von oben nach unten.
Und du bist mein Klassenfeind.

Por más que tu pintor retoque,
¡no va a tapar el desgarrón!
Uno de los dos perdura y el otro debe dejar su lugar,
o yo o tú.
Y sea que sea que aprenderé,
esto sigue siendo el abecé:
Jamás nada tendré de común
con el asunto del enemigo de clase.
No se encontrará la palabra
que un día nos una a ambos.
La lluvia corre de arriba hacia abajo.
Y tú eres mi enemigo de clase.

(Traducción tomada del Blog del viejo topo.)

Pero ahí hoy hay un joven guardia fronterizo y desde su torre observa la pacífica vida a ambos lados de la frontera. Allí pasan coches, las muchachas pasean, los niños juegan. ¿Dónde está el enemigo de clase?

Vi una buena película sobre el grupo guerrillero “Orquesta Roja”. Especialmente una de sus parte me impactó mucho: La vida en los temibles tiempos del fascismo en Alemania. También se mostraba como era durante la guerra. Era una vida colorida, aparentemente no muy desagradable. Y entonces la gente inofensiva, los pacíficos alemanes, se mudaban al este y penetraban hasta el Volga. Y una razón por la que pudieron avanzar hasta tan lejos fue que los trabajadores y campesinos del Ejercito Rojo no quisieron creer que los trabajadores y campesinos alemanes pudieran dejarse instrumentalizar de esa manera y fueran a atacar al país del socialismo. Pero tenían formación militar y atacaron. Fueron engañados, cegados, obligados, pero atacaron.

Ahora el guardia está en su torre y no puede pensar continuamente en eso, pero tampoco debe olvidarlo…”

Fuente:

Seid euch bewußt der Macht, Herausgegeben von Elli Schmidt,
Militärverlag der Deutschen Demokratischen Republik, Berlin 1974.

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